Antonio Peris: Nuestra Señora de Gracia.

Credo 29: La Comunión de los Santos y la Maternidad universal de María

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Tras estudiar la Iglesia, el Credo nos hace reflexionar sobre la Comunión de los Santos, producto de compartir las cosas santas y cuyo efecto es la unión real de las personas.

En este punto el Compendio del Catecismo incluye la meditación de María como Madre de la Iglesia e intercesora universal: aquí sería también razonable haber hecho referencia a las indulgencias; sin embargo, el compendio no las mencionará hasta hablar, algo más adelante en el Credo, de la Vida Eterna (y por ello del Purgatorio: pero precisamente remitiendo a la comunión de los santos, p. 211), y más adelante al hablar del sacramento de la Penitencia (p. 312).

194. La «comunión de los santos» es la común participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas (sancta): la fe, los sacramentos, los dones espirituales, incluso los bienes materiales. La caridad impulsa a los fieles a «poner todo en común» (Hch 4, 32).

195. La «comunión de los santos» designa también la comunión entre las personas santas (sancti), unidas por la gracia a Cristo. Unos viven en este mundo; los difuntos se purifican, ayudados también por nuestras plegarias; otros gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos forman una familia, la Iglesia.

Antonio Peris: Nuestra Señora de Gracia.
Nuestra Señora de Gracia y los maestres de Montesa, Antonio Peris.

196. La Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha dado a luz a Jesús, quien, agonizante en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 27).

197. La Virgen María ayudó con su oración a los comienzos de la Iglesia. Tras su Asunción, continúa intercediendo por sus hijos, siendo para todos un modelo de fe y de caridad y ejerciendo sobre ellos un influjo salvífico, que mana de la sobreabundancia de los méritos de Cristo. Los fieles ven en María una imagen y un anticipo de la resurrección, y la invocan como abogada, auxiliadora, socorro y mediadora.

198. A la Virgen María se le rinde un culto singular, que se diferencia esencialmente del culto de adoración, que se rinde sólo a la Santísima Trinidad. Esa especial veneración encuentra su particular expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oración mariana, como el santo Rosario, compendio de todo el Evangelio.

199. ¿De qué modo la Virgen María es icono de la Iglesia?
La Iglesia ve en ella lo que la propia Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial.

Recorrido en el Museo del Prado con cuadros sobre comunión e intercesión.

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Lo que quizá muy pocos sepan es que esa advocación que a raíz de la Batalla de Lepanto fue extendida a toda la Iglesia, tuvo también consecuencias en Leganés, donde fue elevada, a petición de D. Juan de Austria, al cargo de Capitán General.

Vídeos complementarios sobre comunión e intercesión

La comunión de los santos es equivalente a lo que en el plano humano es la solidaridad, y esta se manifiesta por ejemplo en la vida de esta familia; ¿notamos en algo que es cristiana o cualquiera puede comportarse así? Dicho de otro modo: donde hay solidaridad, también está presente la gracia de Cristo, aunque no se vea a simple vista.

En esta clave podemos ver el comentario al evangelio de la misa del 24 de marzo de 2020, que relata la curación del paralítico que llevaba 38 años junto a la piscina de Siloé: mientras que tradicionalmente se comenta el aspecto de que nadie le ayudaba (hominem non habeo) y con ello se nos recuerda el deber de evangelizar (y así lo hace el sacerdote que comenta el evangelio), en la misa de Santa Marta el Papa lo comenta en sentido contrario: era el enfermo quien rompía la comunión porque no aprovechaba el sitio donde estaba, no quería curarse, por eso son miembros muertos de la Iglesia quienes están en ella en situación de pecado mortal.

La comunión eucarística como fundamento de la comunión eclesial es patente en el efecto que buscamos en la comunión espiritual, sobre el que se reflexiona en un período en que no se puede comulgar.

Por último, el caso de santa Teresa de Lisieux refleja la realidad de la comunión de los santos, ya que solo así se entiende que una persona que vivió encerrada pueda ser patrona de las misiones, y que defina su vocación como ser el amor en el corazón de la Iglesia, es decir, aquello que hace posible la comunión.

En cuanto a camino de infancia como “ascensor” para alcanzar ese corazón, su novedad es relativa si lo comparamos con el “tiramisú” a que se refería san Francisco de Asís para pedir esa ascensión.

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