Milagro, Prodigio y enigma eucarísticos en Moraleja de Enmedio

Les saludo desde Moraleja de Enmedio, localidad madrileña donde en los meses más terribles de la persecución religiosa de 1936 se produjo el prodigio de conservarse intactas 24 sagradas formas eucarísticas consagradas que el párroco de la localidad dejó en un copón antes de huir para salvar la vida y que durante buena parte de esos cuatro meses iniciales de la Guerra Civil Española estuvieron a la intemperie o en condiciones de mucha humedad. El prodigio no acabó allí, ya que esas formas han continuado incorruptas y en perfecto estado durante más de 80 años.



Como ven por el título de este vídeo, he querido centrar la cuestión en tres puntos: el milagro que sucede en cada Eucaristía, el prodigio que supone que se hayan conservado incorruptas las Sagradas Formas de Moraleja de Enmedio y la pregunta que les hago a ustedes y me hago a mí sobre si creen que hay algún tipo de estudio científico que pueda aplicarse a este prodigio y de alguna manera arrojar luz sobre ese enigma de por qué eso que parece pan sigue manteniendo su textura crujiente.

Sobre este llamado Prodigio Eucarístico de Moraleja de Enmedio nos ha informado el actual párroco de la Iglesia de San Millán, padre Rafael de Tomás, quien resalta la devoción permanente vivida en esta localidad hacia las Sagradas Formas y cómo ha aumentado la devoción desde que en 2013 el entonces obispo don Joaquín María López de Andújar obsequiara a la parroquia con el copón de cristal transparente que permite que los visitantes puedan adorar en el Sagrario de puerta Transparente, situado sobre el Sagrario ordinario, a estas formas conservadas prodigiosamente.

Para conocer lo sucedido con la Eucaristía en Moraleja de Enmedio en los meses iniciales de la Guerra Civil Española y la historia posterior de este Prodigio, nada mejor que consultar el libro de Juan Antonio Narváez editado por Xerión, al que les remito en la descripción de este vídeo, ver alguno de los vídeos en la web de la parroquia y consultar allí también los testimonios sobre favores recibidos.

En esa web existe también un formulario para anunciar visitas y peregrinaciones, y así poder se atendidos mejor. El padre Rafael de Tomás nos ha contado cómo percibe el aumento de las visitas y peregrinaciones procedentes de otras localidades e incluso de otros países, y también de la existencia de favores, incluyendo algunas curaciones extraordinarias que podrían servir como prueba para que el Vaticano reconozca este Prodigio como milagro.

Aunque esta vía de los milagros añadidos o extraordinarios quizá conduzca a ese mayor reconocimiento del Prodigio Eucarístico de Moraleja de Enmedio, he querido aquí preguntarme si las propias Formas que constituyen este fenómeno pueden aportar alguna luz sobre el misterio: por eso me pregunto en el título de este vídeo cuál es el enigma escondido en este Prodigio. Y mientras voy ensamblando las ideas de este rompecabezas, les pongo también aquí a mi izquierda, el proceso de montaje del puzle que he adquirido en la Parroquia y que muestra el copón donde se conservan las formas del Prodigio Eucarístico.

Si hubiera que señalar qué es lo extraordinario de este suceso, diríamos que es la aparición del accidente de la incorruptibilidad en una sustancia que tenía todas las características del pan, pero de la que nosotros sabemos que, por la consagración, había sufrido previamente la Transubstanciación, es decir, que había dejado de ser pan, pasando a ser la sustancia de Jesucristo.

En distintas explicaciones de este hecho nos encontramos con la afirmación de que se produce un milagro que confirma otro milagro previo (vídeo de Parra). El milagro previo sería la conversión del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, es decir en Cristo mismo según su forma de ser humana y material, pero al mismo tiempo divina. Este milagro no tiene asociada, de por sí, ninguna manifestación externa, es decir, es imposible comprobarlo y solo se puede conocer o probar por el hecho de haber presenciado o tener testimonio de que sobre ese pan se han pronunciado válidamente las palabras de la Consagración en la Misa.

El que se considera milagro añadido es el de la incorruptibilidad de esa sustancia, de la que todas las apariencias indican que es pan: esto resulta un poco extraño y peculiar respecto a otros prodigios o propiamente milagros eucarísticos. Lo peculiar es que esa característica que consideramos milagrosa, es decir extraordinaria hasta el extremo de ser teóricamente imposible, y que solo podemos aceptar por la vía de hecho de que la evidencia nos la impone, en los otros casos está señalando que lo que tenemos delante ya no es pan, mientras que en este caso precisamente nos indica que es -al menos en apariencia- pan.

Es decir, en los otros milagros eucarísticos que conocemos, lo que sucede es que lo que parecía pan se convierte en carne, y lo que parecía vino en sangre, y así de alguna manera este suceso milagroso nos está indicando que ya antes esa sustancia no era pan y vino, sino que era Jesucristo, algo que confirmaría el milagro de forma evidente, es decir, técnicamente constatable, por ejemplo al poderse comprobar que estamos ante sangre humana de un determinado tipo (AB positivo) y que las células de la carne proceden de un músculo concreto del corazón, el miocardio, y que están vivas o lo estaban en el momento de ser sometidas a las pruebas de laboratorio; que procedían de un ser humano vivo y sometido a tortura.

Como digo, en el caso de Moraleja de Enmedio, la característica es que se trata de un pan que no se pasa, que mantiene sus propiedades de forma inexplicable, pero sigue siendo en apariencia pan: si da testimonio de lo extraordinario que hay en la Eucaristía, es por el hecho de su duración, por conservarse en buenas condiciones.

La característica propia del pan en buen estado en inglés se puede denominar «crunchiness», En castellano difícilmente podríamos señalarla con un sustantivo, ya que lo decisivo es la actividad de ser crujiente, es decir el gerundio o participio presente propio de la textura del pan, nada teórico, sino algo muy práctico que experimentamos al someter a presión al pan, y que se prueba con el ruido (el crujido) y el hecho visible de ver cómo el pan se parte por ser quebradizo.

La comprobación de que el pan está crujiente, en el caso de las Sagradas Formas en la Misa, es el momento previo a su desaparición, ya que una vez rota una forma, como sucede en la Misa, lo lógico es que sea consumida mediante la Comunión.

Esta reflexión viene también a cuento al preguntarnos qué tipo de examen científico podría ser apropiado para comprobar este milagro, teniendo en cuenta que someter a estas Hostias a prueba conlleva destruirlas al darlas como Comunión y parece que eso solo ayuda a comprobar que seguían comportándose como pan crujiente.

Ya se han destruido, precisamente al someterlas a un examen probatorio mediante la comunión, ocho de las 24 Hostias originales -pues solo quedan 16-, que se dieron en comunión bien por la importancia del visitante que acudía al pueblo -normalmente un obispo- o como forma de comprobación del estado de conservación de las Hostias.

La coincidencia del número de Hostias presentes en el comienzo de este fenómeno con el de las 24 Sagradas Formas que se conservaban desde 1597 incorruptas en Alcalá de Henares fue señalada, según relata Juan Antonio Narváez en la página 42 de su libro, por el provicario general de la diócesis de Madrid, Manuel Rubio Cercas, al predicar una Misa en Moraleja el 27 de julio de 1938, diciendo que “quizá Dios quería hacer un milagro, de modo que si se habían perdido o desaparecido las Santas Formas de Alcalá de Henares, fuesen reemplazadas o sustituidas por estas de Moraleja de Enmedio”.

La predicción de Manuel Rubio Cercas se cumplió por lo que hace a la desaparición de aquellas Formas milagrosas de Alcalá, al parecer escondidas al comenzar la guerra por personas que después murieron en ella sin poder transmitir a otros el lugar donde las escondieron. Pero desde un principio fueron tratadas con menos respeto que las Formas de Alcalá, pues si aquellas fueron 24 ininterrumpidamente durante casi 340 años, las Formas de Moraleja, en cuanto fueron entregadas por los fieles al clero castrense, fueron sometidas inmediatamente a la prueba sobre su textura crujiente, que implicaba su destrucción.

La utilidad de probar el hecho milagroso quizá pueda entenderse reflexionando sobre las tres características de la Eucaristía, pues, si observamos los distintos milagros eucarísticos, veremos que también los hay de tres tipos.

La primera característica de la Eucaristía es que es el Sacrificio de Cristo: sacrificio que es perenne y que fue sangriento, aunque al conmemorarse en la Misa no hay derramamiento de Sangre. No hay un sufrimiento añadido para Cristo, pero sí puede que se subraye milagrosamente la realidad de ese sacrificio, como sucedió en el año 1010 en Ivorra, provincia de Lérida, cuando manó del Cáliz sangre que se desbordó hasta el altar e incluso el suelo.

En segundo lugar la Eucaristía es Comunión personal con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, dentro o fuera de la Misa. Esta característica está asociada a milagros de Hostias sangrantes, como es en España el de Daroca, o en esos milagros eucarísticos en que una Hostia que se ha dado en comunión pero luego ha sido desechada, se convierte en carne o sangra.

Mi tesis es que existen otros milagros eucarísticos, o para ser exacto parece que solo el de Moraleja una vez que han desaparecido las Formas de Alcalá, que resaltan el tercer y menos conocido aspecto de la Eucaristía: el de la presencia de Cristo. Una presencia que es adorable, y por eso la Eucaristía debe ser adorada, y que es permanente, y por eso en este caso la manifestación milagrosa puede no estar resaltando el hecho de que la Eucaristía no es pan, sino que es imperecedera.

En resumen y en mi opinión, el prodigio o milagro de Moraleja es sumamente peculiar por referirse al hecho de que Cristo se ha querido quedar en la Eucaristía para ser adorado y para darnos una prueba irrefutable de su amor en el hecho de hacernos permanente compañía: de ahí, insisto, en que sea la incorruptibilidad pero también la fragilidad el dato que en este caso está llamando nuestra atención.

Fragilidad, porque las formas de Moraleja no son estrictamente incorruptibles: si lo fueran, habrían sobrevivido a la Comunión. Y no ha sido así. Son, por así decirlo, incorruptibles, hasta que los hombres deciden poner fin a ese milagro y destinar la Eucaristía a unir a la persona con Cristo, algo tan valioso que por conseguirlo vale la pena renunciar a un privilegio tan extraordinario como el de poder adorar eternamente el Cuerpo de Cristo desde fuera.

Vuelvo sobre la pregunta sobre qué tipo de análisis puede certificar el carácter milagroso de estas Hostias. No se trata de llevarlas a un médico, porque no estamos ante una Eucaristía que manifiesta su carácter de cuerpo humano, sino de alimento. Parece que debería examinarla alguien experto en conservación de alimentos.

Se trata de descubrir qué conserva las Formas de Moraleja de En medio: si tienen conservantes. El pan ácimo se conserva mejor porque no tiene levadura, o al revés, el pan con levadura se conserva peor porque en cuanto se humedece eso despierta el poder destructor de los hongos y bacterias.

En las Formas de Moraleja quizá un examen aportara alguna explicación sobre qué las protege de la humedad, seguramente no por encontrar un aditivo, sino por certificar que la humedad no las afecta. Quizá eso se pueda hacer sin destruir ninguna de las Hostias.

Desde luego, el examen no debería distraer del mensaje. El Prodigio de Moraleja parece una casualidad, ya que lo más común al ver amenazada de Sacrilegio la Eucaristía hubiera sido consumirla, y eso es lo que precisamente hicieron muchos sacerdotes en España en el comienzo de la gran persecución religiosa asociada a la Revolución Española de 1936.

También el párroco de Moraleja, tras la última Misa que celebró el 22 de julio, consumió la mayoría de las aproximadamente 50 formas que quedaban en el Sagrario, y si dejó 24 en el copón pequeño, según leemos en la página 26 del libro de Narváez, fue “con intención por si había que dar la Comunión a algún enfermo”.

Más allá de la buena intención del párroco, parece que con el Prodigio Eucarístico de Moraleja de Enmedio, Dios ha querido mostrar que, con la Eucaristía, aunque no podamos presenciar el sacrificio de la Misa y ni siquiera comulgar, Él nos acompaña en todos los momentos y circunstancias de la vida. También en los más horribles, como una guerra, también en aquellos en que los hombres han decidido borrar la realidad y hasta la huella de la presencia de Dios, como sucedió en la España de 1936.

Hasta aquí, pues, mi reflexión sobre lo que se puede aprender y lo que se puede examinar en el Prodigio Eucarístico de Moraleja de Enmedio. Además de aconsejarles la visita y la adoración al Santísimo en esa localidad, les recomiendo que vivan esa posibilidad en todas las iglesias, y si quieren llevarse un recuerdo que fomente la devoción a este Prodigio y en general a la Eucaristía, les propongo el puzle cuya construcción han visto en este vídeo. Lo vende la propia parroquia, en versiones de 100 y 260 piezas (esta última es la que aquí ven), por iniciativa de Rafael García, propietario de la Librería del Barrio, sita en la calle Huertas 29, de Moraleja de Enmedio, a quien pueden encargar el puzle, cuyo precio es de 15 euros, en la dirección y teléfono que verán al final del vídeo.

Les aconsejo y agradezco que se suscriban al Boletín de Centroeuropa para seguir en contacto, déjenme en los comentarios si les parece su opinión sobre esta cuestión y también sobre si les parece interesante que estudiemos otros milagros eucarísticos o cualquier otro tema. Sin más, se despide muy atentamente de ustedes, Santiago Mata.

Datos para pedir el puzle:

Rafael García

La Librería del Barrio, tel. 641 132 245

info@lalibreriadelbarrio.es

Huertas 29

28950 Moraleja de Enmedio (Madrid)

Y también:

Parroquia de San Millán

contacto@smmoraleja.com

Tel. 916 093 701

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