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Un fraile cartujo, humillado, obra de Vicente Carducho (1626 - 1632) ©Museo Nacional del Prado

Pedir con humildad es hacerse pobre: Domingo 30º del T.O. (C)

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Si en el Domingo 29º del Tiempo Ordinario (ciclo C), con la parábola del juez injusto, Cristo exponía que la oración debe ser insistente, en el Evangelio del 30º Domingo, con la parábola del fariseo y el publicano que suben al templo a orar nos especifica cómo debe ser la oración en su contenido: es precisa la humildad de reconocerse no solamente necesitados de la ayuda divina, como el que insiste en la petición, sino de reconocerse indigno de dicha ayuda, pecador que solo puede invocar la misericordia de Dios y no puede esgrimir méritos: en este sentido no pedimos a Dios “justicia” sino quedar justificados por la fe que se muestra en la oración y en las obras.

Textos de las lecturas del XXX Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C):

Lectura del libro del Eclesiástico (Eclo 35, 12-14. 16-18): La oración del humilde atraviesa las nubes.

Salmo responsorial (Sal 33, 2-3. 17-18. 19 y 23): El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2 Tim 4, 6-8. 16-18): Me está reservada la corona de la justicia.

Aleluya (2 Co 5, 19): Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (Lc 18, 9-14): El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo, no.

¿En qué se diferencian pobreza y humildad? Posiblemente el fariseo fuera más pobre que el publicano, pero se creía rico en méritos. La corona a la que aspiramos son los méritos de Cristo que sólo alcanzamos si nos “afligimos” con la actitud humilde del que ora como el publicano: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. ¿Ayudan estas reflexiones a entender la doctrina de la justificación por la fe?

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Moral 9: Gracia y Justificación: llamados a la santidad

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422. La justificación es la acción misericordiosa y gratuita de Dios, que borra nuestros pecados, por medio de la gracia del Espíritu Santo, que la Pasión de Cristo nos ha merecido y se nos ha dado en el Bautismo. Con ella comienza la libre respuesta del hombre, la fe en Cristo y la colaboración con la gracia.

423. La gracia que justifica es un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida y capaces de obrar por amor a Él. Se le llama gracia habitual. Es sobrenatural, depende de la iniciativa gratuita de Dios.
424. Existen otros tipos de gracia: actuales (dones en circunstancias particulares); sacramentales; especiales o carismas, entre las que se encuentran las gracias de estado.

425. La gracia previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre; responde a las profundas aspiraciones de la libertad humana, la invita a cooperar y la conduce a su perfección.
426. El mérito es lo que da derecho a la recompensa por una obra buena. Dios da al hombre la posibilidad de adquirir méritos, mediante la unión a la caridad de Cristo, fuente de nuestros méritos ante Dios.

427. Podemos merecer las gracias útiles para santificarnos y los bienes temporales que nos convienen. Nadie puede merecer la primera gracia, que está en el origen de la conversión y de la justificación.

428. Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana. Ésta es plenitud de la vida cristiana y perfección de la caridad, y se realiza en la unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad.

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