¿Qué lengua se hablará en el Cielo?

Quiero hablarles de un reciente viaje a Eslovaquia y Austria, en el que me encontré con amigos y compañeros de trabajo a los que, en su mayoría, no veía desde hacía más de 20 años. La impresión que tuve, en la mayoría de los casos, era que el tiempo no había pasado, y que seguía unido a esas personas, incluso más que antes. A pesar de tantos refranes que dicen que las distancias rompen las amistades, la realidad que he experimentado en este viaje es que la amistad puede superar las barreras de tiempo y espacio. Por eso, porque esas personas que fui a visitar me querían, y yo también a ellas, pienso que tuve esa sensación de que el tiempo no había pasado.



Y, aunque espero que no pasen otros 20 años antes de verlas de nuevo, y por tanto no necesariamente me despido de ellas diciendo que “nos vemos en el Cielo”, quiero transmitir a esos amigos, también por este medio un mensaje de gratitud, para agradecerles que sean buenas personas, que hayan sabido mantener la amistad aunque no les suponía ningún beneficio material. En la mayor parte de los casos, no se me ocurre más explicación que el que esas personas y yo compartimos el deseo de ser buenos cristianos, y pienso que si se ha mantenido la amistad entre nosotros, y aún diría que ha crecido a pesar de no habernos visto ni habernos apenas comunicado, es porque era parte de la unión de nuestras almas con Dios, es decir, que estábamos por así decirlo unidos en el Corazón de Cristo.

Así que, para mí, este viaje ha sido una gran ayuda para comprender qué es lo que la Iglesia llama Comunión de los santos. Al margen de la frecuencia con que pueda comunicarme con estos amigos, sé que puedo contar con ellos porque seguimos unidos en el Corazón de Jesús.

De ahí que haya querido dar a este vídeo, en el que mi intención era reflexionar sobre el uso de los lenguajes, el título de qué idioma se hablará en el Cielo. El lenguaje es necesario para comunicarse y así contribuye a la unión entre las personas. Si nos preguntamos qué pasará cuando esta comunión entre las personas ya no pueda romperse, es decir, en el Cielo, parece fácil concluir que ya no será necesario usar ningún idioma. Esto podría parecer una pérdida, pero claro está que en el Cielo no nos faltará nada.

Si les parece, puesto que la reflexión principal sobre por qué perdura la amistad ya la he hecho, voy a extenderme ahora sobre esta idea tomando pie de una anécdota que me sucedió precisamente en este viaje.

Habíamos salido en tren de Viena hacia Bratislava, que como saben son las respectivas capitales de estos dos países, Austria y Eslovaquia. En el vagón, coincidimos mi esposa y yo con unas señoras que al principio parecían muy reservadas, ya que al menos con nosotros no mostraron ningún interés por comunicarse, pero a partir de que subiera al tren una última compañera, pasaron de hablar eslovaco a húngaro, y siguieron así con una animada conversación -de la que obviamente yo no entendí ni palabra- durante todo el viaje.

Esta anécdota me hizo reflexionar sobre lo importante que es que las personas se sientan cómodas con el instrumento que utilizan para comunicarse entre sí, el lenguaje, y en lo importante que es ese esfuerzo por hablar a cada persona en su idioma, y cómo yo he experimentado, en el caso sobre todo de los eslovacos, que agradecen mucho ese esfuerzo y lo importante que es, en consecuencia, hablar su lengua para establecer auténticas relaciones de amistad.

Sin embargo, también experimenté en este viaje que, cuando hay amistad, no es necesario decir muchas cosas. Cuando hay comunión, unión entre las personas, los medios de comunicación dejan de ser importantes. En este viaje, yo quería estar con las personas, pero no tenía nada en particular que decirles. Iba, por así decirlo, despreocupado porque no tenía un mensaje concreto que explicar, a diferencia, por ejemplo, de las clases que como profesor tengo que preparar cada día… aunque también en esto se va aprendiendo a ser más flexible.

Para mí cambiar de lengua, y sobre todo si se trata del eslovaco o de otros idiomas, me resulta sencillo, pero si no fuera así y llegara a olvidar las palabras, aunque indudablemente sería un inconveniente, pienso que lo importante, que como digo es la unión espiritual, permanecería casi intacto.

De alguna manera, esta experiencia es una prueba más de la inmortalidad del alma y de la existencia del ser y del bien más allá de lo aparente, como tantas veces me ha tocado explicar: a través de lo sensible, por ejemplo un atardecer, captamos la belleza, y una vez captada, aunque el atardecer dé paso a la oscuridad, o incluso aunque nos quedemos ciegos y nunca más veamos esos colores, la certeza de que existe la belleza, la unión con su infinitud, permanece en la persona.

Del mismo modo, el idioma es necesario para comunicarse, pero una vez lograda esa comunicación, si se llega a la comunión entre las personas, lo caduco del lenguaje puede desaparecer. Por eso no habrá un lenguaje concreto, según pienso, en el Cielo, y eso no significará perder nada, ni tampoco que los lenguajes sean malos. Pero me parece que la reflexión es interesante, para no confundir el instrumento con la finalidad a que sirve.

El lenguaje crea una comunidad lingüística y sirve a una comunidad nacional, pero ambas, como todo en esta vida, están al servicio de la comunión entre las personas. Por eso es un crimen tan grave usar el lenguaje y la comunidad nacional para dividir y separar: por eso, pienso, son pecados tan graves los cismas y las guerras.

Para terminar, me parece que puedo hacer una analogía, en el plano religioso, con los sacramentos, que son medios de unión con Dios, pero que desaparecerán cuando estemos en presencia de Dios en el Cielo: incluso la Eucaristía, que llamamos comunión porque contiene al mismo Cristo con quien nos unimos, ya no será necesaria en el Cielo, donde estaremos todos unidos en Él al Padre y con el Espíritu Santo. Con este deseo de que todas las personas lleguemos a vivir en comunión entre nosotros y con Dios, y por supuesto con el consejo de que visiten Eslovaquia y Austria, y hagan allí todos los amigos que puedan, se despide Santiago Mata, desde el canal Centroeuropa, que se llama precisamente así porque su promotor, que soy yo, vivió en esos países que llamamos centroeuropeos.

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