Categoría: 2. SACRAMENTOS

La segunda parte, titulada «La celebración del misterio cristiano», presenta los elementos esenciales de la lex celebrandi. El anuncio del Evangelio encuentra, efectivamente, su respuesta privilegiada en la vida sacramental. En ella los fieles experimentan y dan testimonio en cada momento de su existencia, de la eficacia salvífica del misterio pascual, por medio del cual Cristo ha consumado la obra de nuestra redención. Ver todas las entradas.

Milagros eucarísticos en España (y otros más antiguos)

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Si conocen el caso del beato Carlo Acutis, sabrán que dos puntos que atrajeron el interés de Carlo para divulgar la fe católica fueron los milagros eucarísticos y las apariciones de la Virgen en distintos puntos del mundo. Al mismo tiempo, es preciso tener en cuenta que, si bien estos fenómenos (tanto las apariciones como los milagros) pueden sin duda servir para avivar la fe, o incluso suscitarla, no son algo esencial, ni necesario, y por tanto quien quiera, con todo respeto, puede ignorarlos si no le parecen relevantes: a esto se refiere el punto 67 del Catecismo de la Iglesia católica: ahí sin embargo se dice también que el sentido de los fieles sabe descubrir en ellos una llama de Cristo.

¿Llamada a qué? En el caso de los milagros eucarísticos, a creer en su presencia real, a tratarle con respeto y a ser posible llegar hasta la adoración, es decir, a ponerle en el lugar que merece en nuestra vida. Pero más que teorizar sobre qué quiere Dios con esas manifestaciones donde, como digo y dice la Iglesia, es cada uno quien tiene que saber hasta dónde le lleva su “sentir” (entendiendo esa palabra no como sentimiento humano, sino como virtud, delicadeza y aptitud para responder a las gracias que Dios nos da), digo que lo mejor será dar un repaso a algunos de estos milagros, dejando para el final aquel al que se dirige la peregrinación de esta parroquia, que no es otro que el llamado prodigio eucarístico de Moraleja de Enmedio. Y en honor a Carlo Acutis lo haré precisamente con esos materiales que él mismo preparó: http://www.miracolieucaristici.org/es/Liste/list.html

Lo importante es ser consciente de que la Eucaristía debe ser para nosotros, como él decía, “mi autopista al cielo”, y si a uno le sirven estas “guías” para conducir por esa autopista, muy bien, y si no las necesita, pues también muy bien.

Se pueden ver 18,30 minutos de este vídeo para comprender que la peculiaridad de Moraleja es que se conservan perfectamente las apariencias de pan fresco (o hasta el 23 para explicaciones adicionales):

Como vemos, algunos milagros tienen como fin disipar las dudas sobre la presencia de Cristo: tanto de los que las tienen voluntariamente (como en Ivorra en 1010, o en O Cebeiro en 1300) como de quienes son piadosos y no las quieren (como el padre Pedro en Guadalupe, 1420), o incluso de aquellos que las tienen fundadamente porque no saben si han sido válidamente ordenados (como en Moncada). En otros casos la duda no es del sacerdote (como en Caravaca). Hay prodigios asociados a la Eucaristía (como el de santa María Egipciaca) o el hecho de conservarse esta, sin que sepamos si es un recordatorio de que Él permanece con nosotros a pesar de que le olvidemos (como en S. Juan de las Abadesas) o un premio por haber cuidado de la Eucaristía o hasta de la caridad mutua (como se piensa que puede ser en Moraleja) -incluso con los difuntos, como en Montserrat-, o incluso una advertencia para evitar una profanación o para invitar a la conversión tras haberse producido un robo sacrílego, como en Santarem (1247), Zaragoza (1427), Ponferrada (1533), Alcoy (1568), Gorkum (Gorinchem, 1572), Alcalá (1597), Onil (1824) o Silla (1907). En el caso de Moraleja, más que señal de triunfo sobre los profanadores, parece que la conservación de la Eucaristía podría entenderse como premio a quienes la protegen.

Y aquí el mapa para Google Earth en formato KML y KMZ.

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Las bodas de Caná, el matrimonio y la alianza entre Dios y los hombres (2º Domingo T.O., ciclo C)

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Los textos del segundo domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C) tienen como centro el relato del milagro en las bodas de Caná.

La primera lectura, de Isaías (62, 1-5) nos deja claro que el matrimonio no es una institución humana, y mucho menos diabólica o enfrentada al plan de salvación (como pensaban los maniqueos y particularmente los cátaros albigenses): tu tierra tendrá un esposo; con esto anuncia Dios una alianza eterna, y que él mismo será el esposo, de ahí que ese sea uno de los nombres de Cristo.

En el salmo 96 se pide a toda la tierra que festeje la gloria de Dios, es una fiesta a la que estamos todos invitados, formamos todos una familia, de ahí que se pida que “aclamen al Señor, familias de los pueblos”. No se trata de la victoria de unos que tienen ventaja sobre otros.

En la segunda lectura san Pablo (1ª Corintios 12, 4-11) deja claro que hay un bien común, pero no una receta para todos, sino un camino de santidad personal por el que el Espíritu Santo lleva a cada uno: aquí no se menciona el matrimonio, que será el camino habitual con el que las personas sirvan al bien común, sino precisamente ese hecho de que nos ayudamos unos a otros. El matrimonio no es una vocación “universal” en el sentido de que sea obligatoria, lo obligatorio es el servicio a la comunidad, al bien común.

Dentro del Evangelio de san Juan (2,1-11) hay muchas cosas que resaltar, en primer lugar, la presencia a un tiempo de la Virgen y de Jesús con sus discípulos: con esta presencia Cristo eleva al matrimonio al nivel de sacramento, resaltando al mismo tiempo que es una institución natural (instituida en la misma creación de la pareja humana), y por el hecho de que no es él quien “oficia” la ceremonia, podemos resaltar que los ministros del sacramento son los cónyuges.

Para comprender lo que significa la presencia de Cristo en Caná podemos decir que a Dios no solo no le parece mal que la gente se case -hasta el punto de que compara su relación con los hombres con el matrimonio- sino que al asistir a esa boda quiere hacer a los novios un regalo: y el regalo, la gracia de Dios, viene habitualmente en forma de sacramento: por eso quien se quiere amigo de Dios le invita a su boda, y Él les da el regalo de su presencia, y la gracia del sacramento con que les acompaña.

En el hecho de terminarse el vino antes del final de la boda podemos ver la presencia de la concupiscencia, en general el desgaste de todo lo humano. La intercesión universal de la Virgen es clara en su interpelación “no tienen vino” (así como su perspicacia de ama de casa), mientras que su ordenación a Cristo como único Salvador está clara en su consejo: “haced lo que Él os diga”. En el amago de Jesús por zafarse podemos ver que Dios quiere que perseveremos en nuestras peticiones: es más, lo lógico es deducir que, antes que la Virgen, Cristo sabía que se acababa el vino, pero esperó a que la Virgen se lo pidiera para actuar. En la conversión del agua en un vino de gran calidad podemos ver cómo siempre Dios mejora sus propios planes y desde luego nuestras expectativas, que no se limita a reparar lo estropeado. En el hecho de que los discípulos creyeran en Jesús podemos ver la utilidad de los milagros en el plan de Dios.

Puedes repasar alguna de estas realidades en este Kahoot.

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Sacramentos: todas las entradas del compendio

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La segunda parte del compendio del catecismo de la Iglesia católica, titulada «La celebración del misterio cristiano», explica los siete sacramentos.

  1. ¿Qué es la liturgia?
  2. El Misterio Pascual en los sacramentos.
  3. Celebración de la liturgia.
  4. El Bautismo.
  5. La Confirmación.
  6. La Eucaristía en el designio de salvación.
  7. La celebración de la Eucaristía.
  8. Presencia de Cristo en la Eucaristía.
  9. La Comunión.
  10. La Penitencia (interior).
  11. Qué pecados deben confesarse.
  12. Ministro y efectos de la Confesión.
  13. La Unción de los Enfermos.
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Sacramentos 8: Presencia de Cristo en la Eucaristía

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Para introducir este tema en tiempo de Pascua, la pregunta podría ser: ¿dónde está hoy Jesucristo resucitado? Habría tres respuestas. Pero antes que nada, mientras esperamos que lleguen los que faltan, podemos ver esta galería de cuadros sobre la Eucaristía en El Prado, así como oír y meditar el Adoro te devote, himno compuesto por Santo Tomás de Aquino en 1264 para la Fiesta de Corpus Chirsti:

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Sacramentos 11: Qué pecados deben confesarse

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302. Los elementos esenciales del sacramento son dos: los actos del hombre que se convierte y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo.

303. Los actos del penitente son cinco: 1) examen de conciencia; 2) contrición (o arrepentimiento: dolor de los pecados), perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye 3) el propósito de la enmienda (de no volver a pecar); 4) la confesión (decir los pecados al confesor); 5) la satisfacción (cumplir la penitencia) para reparar el daño causado por el pecado.

304. Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan después de un diligente examen de conciencia.

305. Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.

306. La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.

Como se ve la Iglesia exige pedir perdón a Dios, pero hay cuatro perdones que aparecen en esta película y sobre los que quizá no reflexionamos lo suficiente: perdonarse a uno mismo, pedir perdón, pedir (a Dios) el perdón (para perdonar a otros sin rencor) y pedir (a Dios) que se perdonen los hombres, como medicina para los males del mundo:

Perdonarse Pedir perdón Pedir el perdón Pedir que se perdone
00:27:00 00:59:19 01:20:10 01:38:53
00:15:00 00:54:15 01:06:30 01:28:53
00:11:52 00:05:04 00:12:49 00:10:00 00:39:45
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Sacramentos 13: La Unción de los Enfermos

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EL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

314. Con Jesús llega la victoria sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte. Nuestro sufrimiento, unido al de Cristo, puede convertirse en medio de purificación y salvación, para nosotros y para los demás.

315. La Iglesia tiene un sacramento para los enfermos, instituido por Cristo mismo y atestiguado por Santiago: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor» (St 5, 14-15).

316. El sacramento de la Unción de los enfermos lo puede recibir cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo.

317. El sacramento de la Unción de los enfermos sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros).

318. La celebración consiste en la unción con óleo, acompañada de la oración del sacerdote, que implora la gracia especial de este sacramento.

319. Efectos: una gracia particular, que une a la Pasión de Cristo, da fortaleza, paz, ánimo y el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse. A veces, la recuperación de la salud física. Prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre.

320. El Viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección.

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Sacramentos 12: Ministro y efectos de la Confesión

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307. Cristo confió el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles, a los obispos y a los presbíteros. Ejercen el poder de perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

308. La absolución de algunos pecados particularmente graves (como son los castigados con la excomunión) está reservada a la Sede Apostólica o al obispo, salvo en peligro de muerte.

309. Todo confesor está obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión.

310. Efectos del sacramento de la Penitencia: reconciliación con Dios (perdón de los pecados); reconciliación con la Iglesia; recuperación del estado de gracia, si se había perdido; anulación de la pena eterna de los pecados mortales y en parte de las penas temporales; paz y serenidad, consuelo del espíritu; aumento de la fuerza espiritual.

311. En caso de grave necesidad (peligro de muerte), se puede dar la absolución colectiva, haciendo propósito de confesar individualmente los pecados graves ya perdonados de esta forma.

312. Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel obtiene de la Iglesia para sí mismo o para los difuntos.

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Sacramentos 10: La Penitencia (interior)

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CAPÍTULO SEGUNDO. LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN

295. ¿Por qué Cristo instituyó la Penitencia y la Unción de los enfermos?

Porque la vida cristiana puede debilitarse y perderse para siempre a causa del pecado.

PENITENCIA Y RECONCILIACIÓN

296. Nombres: Penitencia, Reconciliación, Perdón, Confesión y Conversión.

297. ¿Por qué hay un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo?

Porque la gracia del Bautismo no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia).

298. El Señor resucitado instituyó este sacramento cuando dijo a sus Apóstoles: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23).

299. La conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia, que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores.

300. La penitencia interior implica el dolor y el rechazo de los pecados, el firme propósito de no pecar más, y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina.

301. La penitencia puede tener expresiones muy variadas, especialmente el ayuno, la oración y la limosna, en particular en tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial.

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Sacramentos 9: La Comunión

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289. Los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto. La Iglesia recomienda que se participe también los demás días.

290. La Iglesia recomienda recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

291. Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien ha cometido un pecado grave debe confesarse antes de comulgar.

292. Frutos de la sagrada Comunión: acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación, y nos hace crecer en el amor al prójimo. Perdona los pecados veniales y preserva de los pecados mortales.

293. Los ministros católicos pueden dar lícitamente la Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que lo soliciten, y a miembros de otras comunidades eclesiales que, en una grave necesidad, la pidan y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

294. La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo.

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Sacramentos 7: La celebración de la Eucaristía

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277. La celebración eucarística se desarrolla en la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística, que comprende la plegaria eucarística, con la consagración, y la comunión.

278. El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

279. Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.

280. El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente. Es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.

281. La Eucaristía se ofrece por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

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