¿Debe la Iglesia en Alemania renunciar a la herencia de Hitler?

Saludos de Santiago Mata, desde el canal Centroeuropa. Recientemente se ha subrayado el dato de que, en Alemania, más de medio millón de católicos apostataron de la fe en 2022, lo que supone un aumento del 45% respecto a las apostasías del año anterior, es decir, 2021. Hay al menos tres interpretaciones a este hecho: según la primera, estas apostasías mostrarían simplemente el fracaso de la religión cristiana, y en particular del catolicismo. La segunda interpretación, supone que, en realidad, estas apostasías son un castigo contra la jerarquía católica alemana, por haber traicionado las esencias católicas y aceptar una especie de conversión de la Iglesia católica al protestantismo, mediante el Camino Sinodal. La tercera interpretación, que es la mía, sin negar que las dos anteriores tengan parte de verdad, las completo añadiendo que, además, quienes se dan de baja de la Iglesia católica, están protestando contra la injusticia del llamado impuesto eclesiástico o Kirchensteuer, impuesto a los católicos, tanto de Alemania como de Austria, nada menos que por Hitler, y que en esencia no ha cambiado desde que el dictador nazi lo impuso para gravar a los católicos con una injusticia que ya sufrían los protestantes: la de pagar más impuestos que quienes no se declaran cristianos. Una vez expuestas estas causas, vamos a explicarlas en detalle.


Para empezar, no se puede negar que el declive del catolicismo en Alemania sea una causa de las deserciones. Pero este declive, por decirlo así, no es culpa del catolicismo, ya que hasta ahora lo sufría por igual el protestantismo: las iglesias asociadas bajo las siglas de la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD) sufrieron en 2022 la pérdida de 380.000 personas que apostataron voluntariamente, aparte de la de otros 195.000 que murieron, quedándoles, tras esta pérdida de 575.000 miembros, un total de 19,1 millones de fieles. En 2021, los evangélicos eran 19,7 millones y en 2020 eran 20,2 millones, por lo tanto, las pérdidas de los años anteriores fueron de 600.000 y 500.000 miembros.

Apostasías en Alemania.
Apostasías en Alemania.

Frente a estas pérdidas anuales superiores al medio millón de miembros de las iglesias evangélicas, la Iglesia católica ha registrado siempre, a excepción de en 2010, una pérdida de fieles menor, hasta los años de la pandemia, en que esta pérdida se igualó. En teoría, uno de los objetivos del Sínodo alemán era recuperar la confianza de la gente y evitar esta sangría de apostasías, pero obviamente, nadie con dos dedos de frente podía imaginar que esto se lograría imitando a las iglesias evangélicas, ya que todos sabían que estas perdían más miembros que la Iglesia católica.

Ahí viene la segunda interpretación del dato sobre las apostasías de 2022, según el cual estas añadirían, al desgaste habitual por la descristianización de la sociedad, un desgaste como castigo contra la jerarquía católica por apoyar el Camino sinodal y la imitación que este supone de los postulados de las iglesias evangélicas. Si esto fuera cierto, se me ocurre una pregunta: ¿por qué, sabiendo que iban a ser castigados con un aumento de las apostasías, que supuestamente trataban de evitar, se ha empeñado el Camino sinodal alemán en convertir a la Iglesia católica en una versión descafeinada de la Iglesia protestante o evangélica?

La respuesta más sencilla es, probablemente, la de que los miembros del camino sinodal alemán están convencidos de esas ideas protestantes o evangélicas que quieren que la Iglesia católica adopte. No obstante, y por aquello de que primero hay que vivir y luego viene la filosofía –primum vivere, deinde philosophari, frase que, a pesar de no ser literal, resumen la filosofía de las Meditaciones del emperador Marco Aurelio- conviene recordar que, a pesar del espantoso aumento de las apostasías en Alemania, los ingresos procedentes del impuesto religioso no solo no hacen más que aumentar, sino que en 20 años estos ingresos prácticamente se han duplicado. En definitiva, que quienes viven del impuesto religioso tienen no solo asegurado su sustento, sino que pueden subir cada vez a más personas al carro de vivir de la Iglesia, o, para ser exactos, de vivir de lo que los alemanes pagan a la Iglesia. ¿Y cuánto es exactamente esta cantidad para cada contribuyente?

Los alemanes pagan por el impuesto eclesiástico, que, como ya he indicado, no pagan las personas que no se declaran miembros de una iglesia, diez veces más que los españoles, para quienes, como es sabido, marcar la X para el sustento de la Iglesia en la declaración del IRPF no supone que paguen más impuestos que los demás, sino simplemente que el 0,7% de los impuestos que de todas formas han de pagar, irá destinado a la Iglesia. Pues bien, en Alemania, el impuesto eclesiástico supone en torno al 8% del IRPF, por lo tanto, multiplica por 10 la contribución de los españoles y, además, insisto, es un impuesto voluntario, de manera que, quienes se dan de baja de la Iglesia, simplemente dejan de pagarlo.

Recaudación del impuesto eclesiástico en Alemania.
Recaudación del impuesto eclesiástico en Alemania.

Por sorprendente que parezca, a pesar de que cada año cientos de miles de personas se dan de baja de la Iglesia, tanto católica como protestante, mediante la apostasía formal, el impuesto eclesiástico sigue subiendo, y ello gracias a la habilidad del Estado alemán para aumentar el cobro de impuestos. Para 2022, se calcula, por ejemplo, que el cobro de impuestos mediante el IRPF ha aumentado un 4,5%, lo que supone que el cobro del impuesto eclesiástico, a pesar de las bajas producidas -1,3 millones de personas entre católicos y protestantes, sumando apostasías y fallecimientos-, ha aumentado también un 1,5%, hasta cobrar un total de 13.000 millones de euros, de los que 6.800 fueron para la Iglesia católica y 6.100 para la evangélica.

La pregunta que dejo para el final es la de si este sistema beneficia a la Iglesia católica y si las apostasías ayudan a entender la respuesta. Pues bien, en mi opinión, no hacen falta las cifras de apostasías para saber si este sistema beneficia a la Iglesia católica. Bastaría con estudiar su historia y saber que quien lo implantó fue Hitler y que, a poco que se sepa de historia, se puede concluir que lo hizo para dañar a la Iglesia y fomentar, por una parte, la sumisión total de la Iglesia al Estado y por otra las apostasías de quienes no estuvieran dispuestos a consentir en esa sumisión.

En la página web donde explica el impuesto eclesiástico, la Conferencia Episcopal Alemana oculta este origen que sin embargo hasta el chat GPT puede ilustrar: antes del concordato de 1933 con el gobierno de Hitler, la Iglesia católica en Alemania se financió por los donativos de los fieles y no, como sí hacía la Iglesia protestante, por medio de un impuesto. Ni siquiera los concordatos de 1924 con el estado de Baviera y el de 1932 con Baden, ambos integrantes de la República de Weimar, establecieron ningún impuesto religioso.

El concepto de impuesto religioso que sí existía previamente para los protestantes, implica que la religión está sometida al Estado, lo cual era válido en los estados alemanes protestantes, pero no en los católicos. En los estados católicos, era más bien el Estado quien tenía obligaciones respecto a la Iglesia, y no al revés. Aunque este sea un asunto complicado de estudiar, debería bastarnos saber que el impuesto religioso no existía en Austria, país netamente católico, hasta que en 1938 lo impuso Hitler al invadir ese país y convertirlo en parte de Alemania.

La pregunta final, para mí, debería ser ¿por qué la Iglesia ha mantenido este impuesto, si su origen es Hitleriano? La respuesta no puede ser porque es justo y beneficioso para las personas en general, pues no lo es, ya que les somete a una presión que los ciudadanos que no son miembros de la Iglesia no sufren. Además de hecho implica a la Iglesia en el ejercicio de esta presión, hasta el punto de que quienes no quieran pagar el impuesto son obligados de hecho a firmar una declaración de apostasía, y en consecuencia la Iglesia les niega los sacramentos: la boda católica, la unción de enfermos e incluso el entierro católico.

En definitiva, mediante este sistema ideado por Hitler, la Iglesia católica deja de ofrecer gratis lo que ha recibido gratis, es decir, la gracia de Dios, y califica como apostasía lo que solo es negarse a pagar un impuesto suplementario, que como he señalado ronda el 8% del IRPF. Para terminar, recuerdo que los españoles solo tiene que decidir si una pequeñísima parte de un impuesto, que de todas las maneras les va a ser cobrado, el 0,7% del IRPF, es o no destinado a la Iglesia. En caso de que no marque la equis en la casilla de la Iglesia, un español incumple una obligación grave, la de ayudar a la Iglesia en sus necesidades que le impone el quinto mandamiento de la Santa Madre Iglesia. Pero apuesto lo que quieran a que ni un 1% de los católicos españoles sabría recordar este mandamiento, y que ni un 1% de los sacerdotes españoles habrá predicado alguna vez que si se incumple esa obligación grave se comete un pecado mortal. En todo caso, para el pequeño porcentaje de quienes se sientan abrumados por la culpa de no haber marcado la equis, la Iglesia católica tiene una solución muy sencilla: la de irse a confesar. Y apuesto lo que quieran a que en los 45 años que lleva en uso este sistema de financiación en España, no se ha negado ningún sacramento a nadie por el hecho de no marcar la equis, es decir, de no contribuir a la financiación de la Iglesia.

Les invito por tanto a contestar a la pregunta que planteo dejándome un comentario: ¿creen que la Iglesia en Alemania debería renunciar al sistema tributario que estableció Hitler para someter a los católicos a la misma injusticia a que ya estaban obligados los protestantes? ¿Les parece que sería más justo un sistema como el español, aunque supusiera una reducción de los ingresos de la Iglesia a menos de la décima parte?

Esperando sus respuestas, les envía un saludo, Santiago Mata desde el canal Centroeuropa.

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