Comentario al libro Dos Papas, de Julián Herranz.

Benedicto XVI, padre de la Iglesia del siglo XXI (cardenal Julián Herranz)

Hola, les saluda Santiago Mata, desde el canal Centroeuropa, para comentar el libro Dos papas, mis recuerdos con Benedicto XVI y Francisco, del cardenal Julián Herranz Casado. Resaltaré sendas expresiones con las que el autor define a cada Papa. Respecto a Ratzinger, el cardenal Herranz lo denomina padre de la Iglesia del siglo XXI y matiza luego que merece el título de doctor de la Iglesia. Respecto al papa Bergoglio, Herranz utiliza una sola palabra para definirlo: la de enamorado.



¿Quién es, a todo esto, el cardenal Herranz, y en qué medida quién sea puede hacer más importante su opinión? Herranz es uno de los dos cardenales que pertenecen también al presbiterio de la Prelatura del Opus Dei, es decir, que ya eran del Opus Dei cuando se hicieron sacerdotes y, lógicamente, cuando fueron consagrados obispos y más tarde nombrados cardenales. El otro es el peruano Juan Luis Cipriani; dicho lo cual, aunque muchos puedan esperar que ambos cardenales digan algo que represente la opinión del Opus Dei, lo cierto es que el Opus Dei deja a sus miembros libertad para opinar lo que quieran en todo lo que no afecte a la fe católica, por lo tanto, a la inversa, lo que opine uno de sus miembros no representa la opinión del resto.

La opinión de Herranz, con todo, es interesante por ser la de alguien con una larga experiencia al servicio directo de los papas. Por otra parte, aunque el título de Dos Papas puede sugerir que va a centrar comparar ambas personalidades, estilos o pensamientos, el subtítulo: mis recuerdos con Benedicto XVI y Francisco, aclara que no tiene como objetivo primordial ni secundario comparar a los dos papas. Simplemente es la continuación de las memorias que Julián Herranz publicó en Rialp en 2007 bajo el título de En las afueras de Jericó, sobre los recuerdos de su vida en Roma junto a cuatro papas, desde Pablo VI hasta Juan Pablo II.

Esta idea la expresa Herranz en la introducción del libro (página 19), al advertir que se quedará “al margen de las supuestas diferencias doctrinales, que algunos exageran desde contrapuestas y extremistas ideologías, o simplemente por intereses temporales de carácter sociopolítico”.

Antes de referirme a lo que Herranz considera más relevante de cada pontífice, quisiera subrayar esto que acabamos de oír: no niega que pueda haber diferencias no solo de forma, sino doctrinales, entre Benedicto y Francisco, pero apunta tres cosas sobre ellas: primero, que son supuestas, es decir, no necesariamente ciertas; segundo, que algunos las exageran por motivos ideológicos (pero, por tanto, también con alguna base real) y tercero, que otros las exageran por motivos políticos.

A este último punto dedica el cardenal Herranz el capítulo XVII, titulado “Tiempo de contradicción”, donde, partiendo de los ataques contra el papa lanzados en 2018 por el arzobispo Carlo Maria Viganò, juzga Herranz que las campañas contra el papa Francisco se deben a grupos que no aceptan sus exigencias de justicia social, y provienen por tanto en su mayoría de defensores del capitalismo a ultranza en Estados Unidos. Herranz menciona (en las páginas 290 y 291) que entre estos atacantes estarían “grandes empresarios de la minería de carbón norteamericana, así como algunas compañías petroleras (…) cuya avaricia criticaba Francisco”, y también “sectores como el movimiento brasileño Tradición, Familia, Propiedad (TFP).

Hasta aquí lo que dice el cardenal Herranz sobre lo que podríamos llamar conspiración política contra el papa Francisco, explicación en la que el cardenal comparte la opinión del periodista Juan Vicente Boó, autor del libro Descifrando el Vaticano, quien opina que Francisco ha sido el Papa más perseguido de los dos últimos siglos. A su vez, esta idea de un complot desde Estados Unidos para derrocar al papa Francisco es una idea desarrollada por el corresponsal del diario francés La Croix en el Vaticano, Nicolas Senèze, autor del libro Cómo América quiere cambiar de Papa.

Dejando de lado las conspiraciones y volviendo al libro de Herranz, sus elogios a Benedicto XVI son evidentes, hasta el punto de que en el título del primero de los 11 capítulos que le dedica lo presenta como “un padre de la Iglesia para el siglo XXI”. Hay que tener en cuenta que el de “padre de la Iglesia” es un título no oficial que normalmente se utiliza para designar a grandes personajes que pusieron las bases de las explicaciones de la doctrina católica.

En concreto, el último personaje al que se considera padre de la Iglesia es el papa San Gregorio Magno, primero de los 16 papas que se han llamado así, que murió en el año 604. Por lo tanto, al reutilizar para Benedicto XVI un título que se supone que nadie ha llevado en más de 1.400 años, parece evidente que Herranz está dando a entender que nos encontramos ante un personaje enorme.

Y si saltamos de ese primer capítulo dedicado a Benedicto, al primero de los nueve que dedica al papa Francisco, en la página 235, vemos que Herranz no considera exagerada la importancia que da al papa Benedicto, y por eso pide para él un título que sí es oficial, y que solo han recibido 37 personas a lo largo de la historia, el de doctor de la Iglesia.

¿Por qué merecería Benedicto XVI, según Herranz, el título de doctor e incluso de padre de la Iglesia? Si nos atenemos a ese primer capítulo, lo que resalta Herranz es la maestría del papa Ratzinger para explicar la armonía entre fe y razón, o si se prefiere la razonabilidad de la fe cristiana, o dicho de otro modo, la naturalidad con que podemos acceder al conocimiento de Dios y la armonía que, en consecuencia, debe haber entre la vida cristiana y la vida social, entre Iglesia y Estado, etc.

En definitiva, Benedicto habría aportado la solución para un conflicto cada vez más urgente de resolver: el de mostrar que la fe, incluso la búsqueda de la verdad racional, no se opone a la libertad, como desgraciadamente parece tratar de imponerse en nuestra sociedad.

En el capítulo inicial que he citado, desgrana Herranz esa maestría de Benedicto centrándose en algunos de sus principales discursos: el que pronunció en 2006 en la Universidad de Ratisbona sobre la libertad y la razón en relación a la religión, el que pronunció en la ONU en 2008 centrado en la promoción de la justicia social, el de París el mismo año ante los intelectuales sobre Europa y la búsqueda de Dios, y el de Westminster de 2010 sobre el papel de la religión en la vida pública.

Cuando exalta la figura de Benedicto XVI, Herranz no solo no lo hace en contraste con el papa Francisco, sino tampoco a espaldas de éste, y para despejar cualquier sospecha de que lo minusvalore, el cardenal español ha seguido una pauta particularmente respetuosa con el papa Francisco que parece evidente en dos puntos: el primero es que ha esperado a la muerte del papa emérito para publicar estos recuerdos, y lo segundo es que ha dejado claro que su elogio a Benedicto no es en detrimento de Francisco al mandarle su libro al actual pontífice, antes de publicarlo, pidiéndole expresamente que si algo le molesta se lo diga para quitarlo.

Herranz, por tanto, no ha tenido prisa por elogiar al papa Benedicto, por muy trascendente que le pareciera su figura, y ha subordinado ese interés a la fe católica por la que sabemos que al Papa, sobre todo mientras está en ejercicio, solo puede juzgarlo Dios.

A este carácter especial de su persona ha hecho mención precisamente el papa Francisco en el vídeo en el que, como cada mes, pide a los católicos que le acompañen en el rezo por una intención determinada.

En el mes de noviembre de 2023, la intención de oración del papa Francisco es precisamente la de rezar por el Papa. Veamos cómo explica en ese mensaje el papa Francisco esa mirada respetuosa que, junto con la oración, pide para sí mismo:

Por favor, les pido que juzguen con benevolencia. Y que recen para que el Papa, sea quien sea, hoy me toca a mí, reciba la ayuda del Espíritu Santo, sea dócil a esa ayuda, oremos por el Papa, para que en el ejercicio de su misión, siga acompañando en la fe a la grey que le ha sido encomendada por Jesús.

Sin duda la de Herranz respecto al papa Francisco es una mirada benevolente. De entrada lo define como “enamorado” en la misma página 235 en la que habla de Benedicto como doctor de la Iglesia. Esa definición le sirve a renglón seguido para explicar genéricamente casi cualquier cosa que en el papa Francisco parezca criticable, ya que “la juventud interior de las almas enamoradas lleva a decisiones que fácilmente pueden sorprender, e incluso ser consideradas excentricidades o locuras”.

Cuando se trata del ámbito en el que es más experto, el del derecho canónico, el cardenal Herranz se atreve a señalar, en las páginas 356 y siguientes, que hay “alguna imperfección” en la constitución Praedicate evangelium si se ha de interpretar que no solo en Roma, sino en cualquier institución de la Iglesia universal, podrían gobernar los laicos, por ser esa potestad delegada (o vicaria) del Papa y no derivada del orden sacerdotal. Pero incluso al relatar cómo trasladó su opinión al papa Francisco, da a entender Herranz que quien se equivocan seguramente son los ayudantes del Pontífice y no el propio papa: al menos eso es lo que parece deducirse del comentario que, según el cardenal, hizo Francisco cuando le manifestó los puntos que consideraba erróneos: que era “una decisión de los canonistas”.

Puesto que he indicado que el cardenal Julián Herranz es miembro del Opus Dei, uno podría buscar en el libro Dos Papas algún comentario a la reforma de esta institución que el papa Francisco pidió a mediados de 2022 con el motu proprio Ad charisma tuendum. Pero la buscaría en vano, y respecto a cómo interpretar el silencio del cardenal, si tiene la misma lógica que el episodio recién mencionado, en el que el principal canonista promotor de una norma sobre la que Herranz discrepaba era el cardenal Ghirlanda, hay que suponer que, si lo que se entiende como reforma del Opus Dei no le gusta al cardenal Herranz -que me atrevería a adivinar que no le gusta-, también cabe suponer que disculpará todo lo que al respecto haga el papa Francisco con el argumento de que ha dejado esa cuestión en manos de otras personas, los famosos “canonistas”, o sea Ghirlanda, y que en caso de error será ellos los que se equivocan.

He dejado para el final el punto más espinoso, el de las supuestas diferencias doctrinales entre Benedicto y Francisco, que Herranz rechazó inicialmente por considerarlas artificialmente exageradas. El punto más espinoso es la libertad que la exhortación apostólica sobre La alegría del amor (Amoris laetitia) da para admitir a la comunión a los divorciados que, sin haber disuelto su matrimonio eclesiástico, se vuelven a casar. Pues bien, Herranz habla sobre la exhortación Amoris Laetitia a partir de la página 243 de su libro y no menciona para nada la cuestión de la comunión de los divorciados.

En resumen, la mirada de Herranz sobre el pontificado de Benedicto XVI está llena de admiración. La mirada sobre el pontificado de Francisco está llena de benevolencia, lo que significa que busca siempre los aspectos positivos y los que puedan parecer negativos, o bien los excusa como fruto de un arrebatado enamoramiento; o si son auténticos errores se deben a las personas que actúan en nombre del Papa casi sin que él lo sepa, o directamente son exageraciones o maquinaciones de quienes maliciosamente conspiran contra él.

Particularmente positivas son las valoraciones que hace el cardenal Julián Herranz sobre la doctrina social expresada por el papa Francisco en las encíclicas Laudato Si y Fratelli tutti, así como por el empeño por escuchar a todos y caminar juntos que se expresa con la sinodalidad. Con todo, cuando al final el cardenal Herranz se plantea a sí mismo cómo piensa que el mundo puede salir de la crisis actual, no se refiere a fórmulas y doctrinas de tal o cual Papa, sino a la confianza en el impulso que el Espíritu Santo seguirá permitiendo a la Iglesia vivir y proclamar la Resurrección de Cristo “hasta el fin de los siglos”.

Compartiendo este deseo del cardenal Herranz y deseándoles que lean este libro de memorias, les recuerdo que si les ha interesado lo dicho pueden compartir y darle “me gusta” al vídeo, que si quieren recibir aviso cuando emita un nuevo vídeo pueden suscribirse al canal y clicar en la campana, y que si quieren ayudar económicamente al canal Centroeuropa, pueden hacerlo clicando en el botón “unirme”. Además les agradeceré cualquier sugerencia o consulta que quieran hacerme escribiendo en la caja de comentarios de este vídeo. Gracias y saludos de Santiago Mata.

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