El hijo pródigo recoge su legítima, óleo de Murillo en el Museo del Prado.

Dios es el objeto de nuestro deseo de felicidad (Tiempo ordinario, C, 25º domingo)

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El deseo de felicidad es la prueba subjetiva de la existencia de Dios marcada en el corazón de cada ser humano. Sobre ello nos hablan las lecturas del 25º domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C: leccionario I). Solo Dios puede saciar ese deseo, en cambio, muchos son los hombres que caen en la avaricia y desprecian a los pobres y la pobreza; frente a ellos Jesús recuerda que no se puede servir a Dios y a las riquezas. El amor a Dios y el amor al prójimo son dos caras de una misma moneda, en cambio, es incompatible con ellos el egoísmo del amor propio, cuyo exclusivismo manifiesta particularmente la avaricia: El dinero no da la felicidad, que en cambio exige salir de uno mismo y darse a los demás.

Leer los textos.

El hijo pródigo recoge su legítima, óleo de Murillo en el Museo del Prado.
El hijo pródigo recoge su legítima, óleo de Murillo en el Museo del Prado.

Profecía de Amós (Am 8, 4-7): Escuchad los que pisoteáis al pobre.

Salmo 112 (Sal 112, 1-2. 4-6. 7-8): El señor alza al pobre.

Lectura de la primera carta de San Pablo a Timoteo (1 Tim 2, 1-8): Dios quiere que todos los hombres se salven.

Aleluya (2 Co 8, 9): Jesucristo se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

Evangelio según San Lucas (Lc 16, 1-13): No podéis servir a Dios y al dinero.

Prédicas sobre estos texto de Benedicto XVI y otros predicadores: ¿Cómo es que Jesús alaba al administrador corrupto?

Es curioso que numerosos comentarios, pensando que Jesús pone como modelo a las personas a las que en las parábolas parece irles bien, se esfuerzan en buscar una interpretación positiva de conductas que son negativas, por ejemplo la de las vírgenes a las que Jesús llama “prudentes” y aún más la de este administrador cuya supuesta astucia elogia. Lo cierto es que Jesús solo lo elogia por el esfuerzo en salirse con la suya, pero no quita un punto de la injusticia que cometía antes y después de su despido. Lo que propone Cristo es que pongamos tanto o más esfuerzo, siendo fieles en las cosas pequeñas y desapegándonos de las riquezas (lo que sería contradictorio con elogiar a un administrador chapucero y apegado al dinero). Es por tanto más correcta una interpretación como la de esta homilía:

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