Santiago Mata presenta en su canal de Youtube (@centroeuropa) el vídeo «Juan Femenía, un monaguillo santo», realizado a partir de los recuerdos conservados por la familia de un niño que murió en 1941, a la edad de 11 años y con fama de santidad, tras haber mostrado una profunda piedad desde su más tierna infancia y servir como monaguillo en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves de la localidad alicantina de Calpe.
Las principales fuentes para el guion de este vídeo de algo menos de 6 minutos y medio de duración son los recuerdos de la hermana de Juan, Isabel Femenía Moragues, religiosa de las esclavas de Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, así como de los del párroco Vicente Llopis, que dio testimonio de la santidad del joven acólito nada más morir este, mediante un pequeño folleto titulado «Florecilla de Sagrario».
El vídeo ha podido realizarse gracias a la documentación y las imágenes proporcionadas por la familia -utilizando la IA para presentar como narradores al padre Llopis y a la madre Isabel-, así como a otras imágenes y datas proporcionadas por el investigador de Calpe, Andrés Ortolá Tomás, en su artículo titulado Juan Femenía Moragues, monaguillo ejemplar.
A continuación pueden verse las imágenes del folleto «Florecilla de Sagrario» y más datos sobre el cortometraje:
La vida de un pequeño gigante espiritual
Nacido en Calpe el 15 de abril de 1930, Juan Femenía Moragues sintió desde los cuatro años una atracción magnética hacia el sagrario. Su familia solía buscarlo por las casas vecinas para acabar encontrándolo siempre en la parroquia junto a los acólitos, donde se ganó el cariñoso apodo de «el apaga cirios» por su inocente insistencia en colaborar. El estallido de la Guerra Civil en 1936 truncó su deseo de hacer la Primera Comunión. En ese trágico periodo, presenció el arresto de su párroco, el hoy beato Francisco Sendra, y el posterior saqueo del templo de Nuestra Señora de las Nieves, que fue convertido en mercado de abastos. Juan lloraba desconsolado, temiendo que no poder comulgar le costase la salvación.
Al concluir el conflicto en 1939, llegó un nuevo párroco, don Vicente Llopis, quien emergió casi ciego tras pasar tres años oculto en un pozo. Juan, con solo nueve años y a pesar de la malnutrición de la posguerra, se convirtió en su lazarillo y mano derecha. Ayudaba a llevar comida a los enfermos, asistía en bodas y entierros clandestinos en la madrugada, y se ganaba la confianza de custodiar la llave del Sagrario. El 19 de mayo de 1940 cumplió al fin su anhelado deseo de comulgar.
En el testimonio transmitido por su hermana Isabel, ella insiste en que Juan hacía con perfección no solo las tareas de un monaguillo, sino las de un sacristán: subía al púlpito, rezaba las novenas y leía todo lo que hubiera que leer. Llevaba los cánticos en la iglesia y en los entierros, colocaba los ornamentos en la sacristía y solía poner las formas en el copón. Su devoción era tan profunda que una vez don Vicente lo sorprendió antes de la Misa besando las formas que iban a ser consagradas, para que el Señor «se encontrara con su beso» al entrar en ellas. Acostumbraba a ofrecer sus comuniones por algunos familiares que no lo hacían nunca y rezaba por ellos. Le gustaba leer vidas de santos en los libros que prestaban en la parroquia. Un día, esperando para cenar, estaba leyendo la vida de san Juan Bosco y le dijo a su hermana:
-¡Mira, Isabel!, los más grandes santos se han llamado «Juanes», como yo.
En el verano de 1941, ante el inminente traslado de su familia a Málaga, Juan, temeroso de perder su vocación al sacerdocio en la gran urbe, rogó a la Virgen María morir antes de marchar si allí corría el riesgo de alejarse de Dios.
La «real paliza» y su tránsito al cielo
Un suceso dio un giro a su vida de forma dolorosa durante las fiestas patronales de octubre de 1941. Animado por sus amigos para montar en el carrusel de la feria, Juan accedió a conseguir vino para un joven corpulento a cambio de un real. Al entregarle la bebida y reclamar la moneda, el agresor le espetó con crueldad: «una real paliza te voy a dar». La brutal agresión le destrozó los órganos internos.
Juan agonizó durante veinte días sufriendo fiebres altísimas y dolorosas transfusiones diarias que debilitaban a sus propios padres y vecinos. En su lecho de dolor, Juan no se quejó, pidió que no se gastase más dinero en medicinas por la pobreza de su hogar, y consolaba a su madre diciendo que la Virgen había escuchado su oración. El 4 de noviembre de 1941 entregó su alma en absoluta paz tras recibir el viático. Todo el pueblo de Calpe se volcó en un multitudinario funeral con más de doce coronas de flores y ramas silvestres, oficiado con ornamentos de color blanco. Antes de morir, Juan profetizó que su tía María y su hermana Isabel serían religiosas, vocaciones que efectivamente se cumplieron poco después.
El documental
El cortometraje documental, de seis minutos y medio de duración y publicado en el canal @centroeuropa de Santiago Mata, ha sido posible gracias a las memorias familiares conservadas y a las investigaciones del investigador de Calpe, Andrés Ortolá Tomás. Recurriendo a la IA, se ha representado a Juan a las edades de 4, 7 y 11 años y a otros personajes, como los que relatan la historia. El resultado nos acerca a un conmovedor testigo de la fe, cuyo ejemplo, conservado por su familia, puede así ser más conocido entre sus paisanos y presentarse a los niños de su edad.
Santiago Mata, 3 de septiembre de 2026. Correo del autor: santiago.mata@live.com







