Domingo 26: Reconducir los sentimientos hacia una pasión noble

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Si en el domingo 25 (Si no te paras y agradeces, das coces) se nos decía que los últimos pueden ser los primeros en función de su actitud, las lecturas del domingo 26 nos recuerdan que incluso cuando hayamos vuelto atrás por el pecado, podemos recuperar posiciones mediante la penitencia. Todo tiene remedio, incluso la muerte, a condición de que sepamos ser penitentes, o, en palabras del párroco de Simancas, reconducir los sentimientos hacia una pasión noble (en vez de dejarnos dominar por ellos, que es el sentimentalismo dominante).



Ezequiel 18: Si el inocente comete el mal, morirá, pero si el malvado se arrepiente, vivirá.

Por tanto, solo hay un mal peor que la muerte: el mal moral, el pecado, del que no es Dios responsable, sino el hombre.

Salmo 24: Recuerda, Señor, tu ternura, no te acuerdes de los pecados… Incluso para ese mal Dios tiene remedio.

Segunda lectura: Filipenses 2. Cristo, siendo de condición divina, se humilló sometiéndose a la muerte por obediencia. La obediencia de Cristo es ese remedio al pecado (y por ende a la muerte).

Evangelio: Mateo 21. Parábola de los dos hijos; uno que parecía bueno, pero fue desobediente; el otro que parecía malo, porque se negó a ir a la viña, pero recapacitó y obedeció.

De esta forma se cierra el círculo, porque se nos dice que nosotros podemos ser el hijo obediente, al que se perdona su pecado inicial gracias a la obediencia de Cristo; aunque siempre seremos libres y podemos ser el hijo malo: Pero Dios a todos nos considera hijos, no da a nadie por perdido antes de tiempo. Una última consideración acerca de la viña a la que estamos llamados a ir: La viña es Cristo y todos estamos llamados a identificar nuestra vida con la suya.

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