Rendición del ejército francés en la Batalla de San Quintín, por Luca Giordano (1692-1693) ©Museo Nacional del Prado

Invocar, caminar, agradecer, para salvarse por la fe (28º Domingo del T.O., C)

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Los dones de Dios no son proporcionales al esfuerzo humano, o dicho de otro modo, no podemos pretender pagarlos, pero tampoco concluir que agradecer lo recibido es superfluo.

Lecturas del 28º Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C):

Lectura del segundo libro de los Reyes (2 Re 5, 14-17): Volvió Naamán al hombre de Dios y alabó al Señor.

Salmo responsorial (Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4): El Señor revela a las naciones su salvación.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (2 Tim 2, 8-13): Si perseveramos, también reinaremos con Cristo.

Aleluya (1 Ts 5, 18): Dar gracias en toda ocasión.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (Lc 17, 11-19): ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

En las lecturas de la semana pasada los apóstoles pedían fe. Ahora nos encontramos con unos enfermos que piden algo que parece inmediatamente más necesario: la salud (a la que nosotros quizá añadiríamos el dinero y el amor).

Preguntas: ¿Por qué cura Jesucristo a los diez leprosos sabiendo que solo uno se lo agradecería? ¿Acaso necesita Dios la alabanza de los hombres?

En la canonización de Newman, el papa Francisco explica cómo invocar, caminar y agradecer es el camino para crecer en la fe.

Esa fe que justifica ha sido durante siglos tema de división en la Iglesia, aunque desde 1999 existe una declaración conjunta al respecto entre católicos y luteranos.

Entre las prédicas sobre estos textos podemos destacar la del papa Francisco en 2013 poniendo en relación todos estos textos con la Virgen María y la de Benedicto XVI que se refiere solo a la primera lectura y resalta la necesidad de la conversión del corazón para agradecer los dones de Dios.

Respecto a las preguntas que hago en torno a este pasaje, puede servir el comentario de san Agustín al salmo 148: «toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza».

Y puesto que los enfermos que aparecen son leprosos, puede ser interesante repasar entre las vidas de santos la de san Damián de Molokai.

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