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Alessandro Maganza (siglo XVI): Las dos Marías adorando el Santo Sudario con las huellas del cuerpo de Cristo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

La Sábana Santa de Turín, ¿motivo de credibilidad?

Alessandro Maganza (siglo XVI): Las dos Marías adorando el Santo Sudario con las huellas del cuerpo de Cristo. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado
Alessandro Maganza (siglo XVI): Las dos Marías adorando el Santo Sudario con las huellas del cuerpo de Cristo.
Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

El sacerdote Quique Cabrera menciona entre los tres elementos decisivos que intervinieron en su conversión a la Sábana Santa de Turín.

Sin embargo, por muy importantes que sean los objetos o hechos que parecen milagrosos, y cuyo carácter inexplicable puede analizar la ciencia, en la vida de los conversos, no son decisivos de forma aislada.

¿Cuáles son los otros dos elementos necesarios en la conversión de esta persona?


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Credo 14: Jesucristo, Dios y Hombre verdadero

90. El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Conocía los pensamientos de los hombres y los designios eternos que Él había venido a revelar.

91. ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado? Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella.

92. Cristo asumió un verdadero cuerpo humano, mediante el cual Dios invisible se hizo visible. Por esta razón, Cristo puede ser representado y venerado en las sagradas imágenes.

93. ¿Qué representa el Corazón de Jesús? Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. Su Corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres.
94. La Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel.