Categoría: 1º ESO

Credo 19: El sacrificio de la Cruz, obediencia perfecta

Facebooktwitter

118. Dios envió a su Hijo para que se entregara a la muerte por los pecadores.

119. Cristo da «su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45), y así reconcilia a toda la humanidad con Dios. Su sufrimiento y su muerte manifiestan cómo su humanidad fue el instrumento libre y perfecto del Amor divino, que quiere la salvación de todos los hombres.

120. En la última Cena, Jesús realiza anticipadamente la oblación libre de sí mismo. Instituye la Eucaristía como «memorial» (1 Co 11, 25) de su sacrificio, y a sus Apóstoles como sacerdotes.

121. En el huerto de Getsemaní, la voluntad humana del Hijo de Dios se adhiere a la voluntad del Padre; para salvarnos acepta soportar nuestros pecados en su cuerpo, «haciéndose obediente hasta la muerte» (Flp 2, 8).

122. Jesús ha reparado nuestras culpas con la plena obediencia de su amor hasta la muerte, que reconcilia a la humanidad entera con el Padre. Rescata a los hombres de modo único, perfecto y definitivo, y les abre a la comunión con Dios.

123. Al llamar a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16, 24), Jesús quiere asociar a su sacrificio redentor a sus beneficiarios.

124. Cristo murió y fue sepultado, pero la virtud divina preservó su cuerpo de la corrupción.

Facebooktwitteryoutube

Credo 18: La muerte de Cristo

Facebooktwitter

«JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO»

112. En el misterio pascual (Pasión, Muerte, Resurrección y Glorificación de Jesús) se cumple el plan salvador de Dios: es el centro de la fe cristiana.

113. Algunos jefes de Israel entregaron a Pilato para que lo condenase a muerte, acusándole de ir contra la fe en el Dios único, porque se proclamaba Hijo de Dios.

114. Jesús, con su muerte expiatoria, ofrece el único sacrificio capaz de redimir todas «las transgresiones cometidas por los hombres contra la Primera Alianza» (Hb 9, 15).

115. Jesús veneró el Templo y se presentó a sí mismo como la morada definitiva de Dios en medio de los hombres.

116. Jesús nunca contradijo la fe en un Dios único.

117. Todo pecador, o sea todo hombre, es realmente causa e instrumento de los sufrimientos del Redentor; y aún más gravemente son culpables aquellos que más frecuentemente caen en pecado y se deleitan en los vicios, sobre todo si son cristianos.

Facebooktwitteryoutube

Credo 17: El Reino de Dios

Facebooktwitter

106. Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia.

107. Jesús invita a todos los hombres a entrar en el Reino de Dios; llamándolos a convertirse y aceptar la infinita misericordia del Padre. El Reino pertenece a quienes lo acogen con corazón humilde.

108. Jesús acompaña su palabra con signos y milagros para atestiguar que es el Mesías. Él no ha venido para abolir todos los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado.

109. Jesús elige a los Doce, futuros testigos de su Resurrección, y los hace partícipes de su misión y de su autoridad para enseñar, absolver los pecados, edificar y gobernar la Iglesia. Pedro ocupa el primer puesto, con la misión de custodiar la fe en su integridad y de confirmar en ella a sus hermanos.

110. En la Transfiguración Jesús muestra que su gloria pasa a través de la cruz, y otorga un anticipo de su resurrección y de su gloriosa venida, «que transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3, 21).

111. Jesús decide subir a Jerusalén para sufrir su Pasión, morir y resucitar. Como Rey-Mesías entra en la ciudad montado sobre un asno; y es acogido por los pequeños, cuya aclamación es recogida por el Sanctus de la Misa: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna! (¡sálvanos!)» (Mt 21, 9).

Facebooktwitteryoutube

Credo 16: La santidad de la vida ordinaria

Facebooktwitter

101. Aunque la salvación nos viene plenamente con la Cruz y la Resurrección, la vida entera de Cristo es misterio de salvación, porque todo lo que Jesús ha hecho, dicho y sufrido tenía como fin salvar al hombre caído y restablecerlo en su vocación de hijo de Dios.

102. Además de la oscura espera que ha puesto en el corazón de los paganos, Dios ha preparado la venida de su Hijo mediante la Antigua Alianza, hasta Juan el Bautista.

103. En el Nacimiento de Jesús, la gloria del cielo se manifiesta en la debilidad de un niño; la circuncisión es signo de su pertenencia al pueblo hebreo y prefiguración de nuestro Bautismo; la Epifanía es la manifestación del Rey-Mesías; su retorno de Egipto recuerda el Éxodo y presenta a Jesús como el nuevo Moisés: Él es el verdadero y definitivo liberador.

104. ¿Qué nos enseña la vida oculta de Jesús en Nazaret?
Jesús permanece en el silencio de una existencia ordinaria. Nos permite así entrar en comunión con Él en la santidad de la vida cotidiana, hecha de oración, sencillez, trabajo y amor familiar, de sumisión a María y a José, como imagen de la obediencia de Jesús al Padre.

105. Jesús recibe de Juan el Bautismo para inaugurar su vida pública y anticipar el «Bautismo» de su Muerte. El Bautismo de Jesús es la prefiguración de nuestro bautismo.

Facebooktwitteryoutube

Creo 15: María, Madre de Dios y Madre Nuestra

Facebooktwitter

95. María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre de Jesús (Jn 2, 1; 19, 25). En efecto, aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo y fue verdaderamente Hijo suyo, es el Hijo eterno de Dios Padre. Es Dios mismo.

96. Para ser Madre de Dios, María fue concebida inmaculada: en previsión de los méritos de Jesucristo, fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción.

97. ¿Cómo colabora María al plan divino de la salvación? Siendo inmune de todo pecado personal durante toda su existencia, se ofrece totalmente a la Persona y a la obra de Jesús, su Hijo, abrazando con toda su alma la voluntad divina de salvación.

98. Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María sólo por el poder del Espíritu Santo, sin concurso de varón. Él es Hijo del Padre celestial según la naturaleza divina, e Hijo de María según la naturaleza humana, pero es propiamente Hijo de Dios según las dos naturalezas, al haber en Él una sola Persona, la divina.

99. María es siempre virgen en el sentido de que ella «fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen al parir, Virgen durante el embarazo, Virgen después del parto, Virgen siempre» (San Agustín).

100. María tuvo un único Hijo, Jesús, pero en Él su maternidad espiritual se extiende a todos los hombres, que Jesús vino a salvar.

Facebooktwitteryoutube

Credo 14: Jesucristo, Dios y Hombre verdadero

Facebooktwitter

90. El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Conocía los pensamientos de los hombres y los designios eternos que Él había venido a revelar.

91. ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado? Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella.

92. Cristo asumió un verdadero cuerpo humano, mediante el cual Dios invisible se hizo visible. Por esta razón, Cristo puede ser representado y venerado en las sagradas imágenes.

93. ¿Qué representa el Corazón de Jesús? Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. Su Corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres.
94. La Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel.

Facebooktwitteryoutube

Credo 13: Jesucristo nació de Santa María Virgen

Facebooktwitter

85. El Hijo de Dios se encarnó en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación.

86. La Iglesia llama «Encarnación» al misterio de la unión admirable de la naturaleza divina y la naturaleza humana de Jesús en la única Persona divina del Verbo.

87. En la unidad de su Persona divina, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de manera indivisible.

88. El Concilio de Calcedonia (año 451) enseña que Jesucristo es consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad; “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado” (Hb 4, 15).

89. Todo en la humanidad de Jesús –milagros, sufrimientos y la misma muerte– debe ser atribuido a su Persona divina, que obra a través de la naturaleza humana que ha asumido.

Facebooktwitteryoutube

Credo 12: Jesucristo, Hijo único de Dios

Facebooktwitter

79. La Buena Nueva es el anuncio de Jesucristo.

80. De su conocimiento surge el deseo de transmitirla (evangelizar).

81. El nombre de Jesús significa Dios salva, designa su misión y su carácter de único Salvador.

82. Jesús es llamado Cristo (griego) y Mesías (hebreo), que significa “ungido”, porque ha sido consagrado por el Padre, ungido por el Espíritu Santo para su misión redentora.

83. Es Hijo unigénito por su relación con el Padre. Es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

84. Es Señor porque es Dios. Jesús revela su divinidad mediante su poder sobre la naturaleza, los demonios, el pecado y la muerte, particularmente con su Resurrección. Se le debe la misma gloria que al Padre y el hombre le debe someter su propia libertad personal.

Facebooktwitteryoutube

Credo 11: La caída: el pecado de los ángeles y los hombres

Facebooktwitter

74. Satanás y los otros demonios rechazaron a Dios, mediante una libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Intentan asociar al hombre a su rebelión, pero Dios afirma en Cristo su victoria.

75. Por el primer pecado, el hombre, tentado por el diablo, quiso «ser como Dios» (Gn 3, 5). Adán y Eva perdieron, para sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia originales.

76. El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado «contraído» no «cometido» por nosotros; es una condición de nacimiento.

77. Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana se halla herida, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y a la muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia.

78. Dios no ha abandonado al hombre al poder de la muerte, antes al contrario, le predijo que el mal sería vencido y el hombre levantado de la caída. Por ello, la caída será incluso llamada feliz culpa.

Cuestiones disputadas:

De dónde salió la esposa de Caín. Puesto que en este tema se habla de Adán y Eva, aparece la pregunta de si se casaron entre sí sus descendientes, lo cual parece necesario para que sean los padres de toda la humanidad.

Facebooktwitteryoutube

Credo 10: El hombre

Facebooktwitter

66. El hombre es imagen de Dios porque es capaz de conocer y amar libremente a su Creador. Única criatura a la que Dios ama por sí misma e invita a compartir su vida divina. Por eso es persona, capaz de darse y entrar en comunión.

68. Los hombres forman una unidad porque tienen el mismo Creador y Salvador, y están llamados a compartir la felicidad.

69. Espíritu y materia forman una única naturaleza. Gracias al principio espiritual (alma), el cuerpo material se hace viviente, humano y participa de la dignidad de imagen de Dios.

70. El alma espiritual es creada directamente por Dios y es inmortal.

71. Hombre y mujer tienen la misma dignidad y son complementarios: está creados el uno para el otro, para vivir en comunión, transmitir la vida, ser una sola carne en el matrimonio y dominar la tierra.

72. Hombre y mujer fueron creados en estado de santidad y justicia con una especial participación de la vida divina: en armonía perfecta consigo, entre ellos, con Dios y la Creación, no debían sufrir ni morir.

Facebooktwitteryoutube